¿Te cuesta decir no? Identifica el origen de tu necesidad de complacer a los demás

Quizás en algún momento te has descubierto verbalizando un sí a alguien de tu entorno más cercano o a la gente que te rodea, siendo capaz de ir en contra de tus propias necesidades para actuar según lo que pensamos que el otro espera de nosotros.

Y, eso te ha llevado a vivir situaciones en la que dices que sí con una sonrisa cuando en realidad deseas decir que no, o a mostrarte en todo momento disponible aunque te falte energía o ganas, o a apuntarte a planes o actividades que no te apetecen e incluso a dejar de hacer tus cosas aunque sientas que estás a tope por demandas o peticiones de otro, atado a la necesidad de complacer a los demás.

“No sé cual es la clave del éxito pero si sé cuál es la del fracaso: tratar de complacer a todo el mundo”

Henry Kissinger

¿Qué se esconde tras esta necesidad?

El ser humano es un ser social y el acto de complacer a los demás demuestra un aspecto valioso y positivo de la vida, cuando lo que buscamos es mostrar el cuidado, el amor y el agradar a las personas que queremos o que forman parte de nuestro día a día, siendo saludable y ecológico para nosotros.

Así, es normal que en ciertas circunstancias nos nutra la aprobación social, dado que impacta en nuestra seguridad, nos reafirma y confirma nuestros aciertos.

La cuestión es cuando lo que buscamos conscientemente o inconscientemente detrás de este comportamiento de complacer es la aprobación del otro, por miedo al rechazo o a no ser amados, excluidos o abandonados, convertimos este comportamiento en una necesidad que nos lleva a poner nuestro foco fuera y a desconectarnos de nosotros mismos.

La necesidad excesiva de aprobación puede estar presente en nuestras parejas, en el trabajo, con la familia…causando ansiedad, inseguridad, tomas de decisiones que no están basadas en uno mismo, infelicidad y frustración, y entramos en un bucle del cual luego no podemos ni sabemos como salir.

Lo que nos convierte en “esclavos” de lo que creemos que el otro espera de nosotros, es decir, de sus expectativas y en este vaivén renunciamos a nuestro propio bienestar y desarrollo pleno para poder encajar, gustar, ser amados o aceptados por otros, pudiendo adoptar patrones poco saludables.

Incluso esas expectativas al ser formadas por nosotros mismos, ni siquiera son reales, porque es lo que nuestra mente ha creado en base a esa persona o situación.

Y dejamos de lado nuestra propia personalidad, esa parte más auténtica para activar un rol, una máscara, un disfraz que nos lleva a convertirnos en personajes, haciendo cosas que no deseamos, hasta acabar por perder la conexión con nuestra identidad y lo que verdaderamente deseamos, generando emociones negativas y una de las mayores fuentes de malestar.

En algunas ocasiones, incluso el sacrificio hacia los demás no presenta ni un ápice de correspondencia. Entonces aparece un carrusel de emociones desagradables, la rabia, la frustración, el enfado, la furia, la ansiedad, la angustia, el miedo, la pena o la tristeza profunda, que nos impide ser auténticos y nos juzgamos duramente, lo que disminuye aún más nuestra autoestima y confianza en nosotros mismos.

“El complacer y el dar constante no aumenta ni nutre nuestra autoestima, más bien la menoscaba y dinamita»

¿Cómo lo explica la Psicología?

Albert Ellis, psicoterapeuta cognitivo estadounidense que desarrolló la terapia racional emotiva conductual a partir de 1955, postula que el sufrimiento no viene generado por los hechos externos, sino por como los interpretamos. Esas interpretaciones vienen sesgadas por creencias irracionales e ilógicas que habitan en nuestra mente y son las causantes del malestar.

El identificó 11 ideas y la primera es: “Necesito el amor y la aprobación de todas las personas significativas de mi entorno”. Una creencia tan universalmente implantada, que convierte el “sí” casi en un reflejo instintivo. Y esto nos lleva a que ante una petición y antes de ser capaz de haberla procesado, ya la hemos aceptado, sin pensar siquiera si nos apetece o nos conviene.

Micki Fine, psicoterapeuta norteamericana y autora de “La necesidad de complacer”, manifiesta que las situaciones que predisponen a una vida de búsqueda de aprobación ajena se encuentran en ciertas vivencias relacionadas con la infancia.

Estas vivencias están relacionadas con:

1. Crítica y Desdén

Si siendo niños, nuestros padres y adultos de referencia nos tratan con desdén y con crítica cuando nos equivocamos, interpretamos que algo falla en nosotros y sentimos que no nos aman incondicionalmente tal y como somos. Así aprendemos que algo falla en nosotros y por eso no somos aceptados, entendiendo que sólo soy amado dando. Como consecuencia y respuesta a esta herida surge la búsqueda crónica de aprobación ajena para sentirnos amados.

2. Me Ignoran

Cuando los padres ven a su hijo como una prolongación de ellos mismos e intentan moldearlo imponiéndole sus propios deseos, sin respetar la personalidad y los deseos genuinos del niño, aprendo y llego a la conclusión como niño que no importo, sintiéndome ignorado y no valorado por quien soy. Como consecuencia sólo valoro a los demás y por ello, busco complacerles.

3. No me escuchan

Si los padres o las personas de referencia siempre toman todas las decisiones del niño y no escuchansus pensamientos, opiniones o deseos, ni fomentan que explore y aprenda de su propia experiencia, no se sentirá escuchado y le resultará difícil encontrar su propio lugar en el mundo. Como consecuencia carece de la seguridad interna para abordar situaciones retadoras y busca alguien que le oriente para saber qué hacer en todo momento, por eso, necesita la aprobación social.

4. Violencia o Negligencia

Cuando el niño vive situaciones de mal trato, humillación, desprecio, como respuesta de supervivencia y protección, busca la simpatía del maltratador o adulto negligente complaciendo para evitar esos malos tratos. Como consecuencia, interioriza esta forma de actuar, no sabe marcar limites y construye la creencia de que importan más las necesidades del otro que las de uno mismo, siendo su patrón de actuación la complacencia.

“La necesidad de aprobación de los demás equivale a decir: “Lo que tú piensas de mi es más importante que la opinión que tengo de mi mismo

Wayne Dyer

¿Cuándo en tu infancia te has visto reflejado en alguna de estas vivencias?

Como ves no es porque somos idiotas, sino que hay un patrón de aprendizaje instaurado en nosotros desde niños.

Y posiblemente eso es lo que te ha llevadoa decir que sí cuando realmente querías decir no, en momentos de tu vida personal y profesional

¿Eras consciente del impacto de nuestras vivencias infantiles en la necesidad de complacer?

Ahora tienes ideas que pueden ayudarte a identificar el origen de tu necesidad de complacer a los demás.

En el próximo post daré unas pautas que puedan ayudarte a soltar esta necesidad de complacer a los demás y esa búsqueda constante de aprobación social.

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Gema Menéndez Cortés, Psicóloga Colegiada M_34474, Coach ACC ICF e Instructora de Mindfulness

Foto:@artursafronovvvv/www.freepik.es

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