La forma en que reaccionamos ante determinadas situaciones en la vida adulta a menudo parece desproporcionada o difícil de explicar. Una discusión menor, un retraso, una crítica o un olvido pueden provocar emociones intensas que parecen no corresponder con lo que está ocurriendo en ese momento. Para entender por qué sucede esto, la historia personal de Gabor Maté se ha convertido en uno de los ejemplos más claros y reveladores dentro del campo del trauma y la psicología del apego.
Maté, médico y experto en trauma, nació en 1944 en Budapest, en el contexto de la persecución de los judíos durante el Holocausto. Su historia comienza cuando tenía apenas once meses de vida.
Un acto de amor que un bebé no podía comprender
Durante la ocupación nazi, la situación para las familias judías en Budapest era extremadamente peligrosa. Las deportaciones eran constantes, el hambre era frecuente y el miedo estaba presente cada día. En ese contexto, la madre de Maté tomó una decisión desesperada para intentar proteger la vida de su hijo.
Un día salió a la calle y entregó al pequeño a una mujer cristiana para que lo llevara a un lugar más seguro con familiares. Era una decisión motivada por el amor y la necesidad de supervivencia. Sin embargo, desde la perspectiva de un bebé de once meses, esa realidad era imposible de comprender.
Para un niño tan pequeño no existe el contexto histórico, ni las intenciones protectoras de los adultos. Lo único que su sistema emocional puede registrar es una experiencia básica: la figura de apego desaparece. Desde el punto de vista del bebé, lo que ocurrió fue una experiencia de abandono.
Durante semanas no vio a su madre. Cuando finalmente se reencontraron, sucedió algo que él mismo relata a menudo en sus conferencias: durante varios días el pequeño Gabor evitó mirarla. No era un rechazo consciente, sino una reacción defensiva de su sistema emocional.
De forma implícita, su organismo parecía haber aprendido algo parecido a esto: si volver a necesitarte significa sentir este dolor, es mejor protegerme cerrándome emocionalmente.
Una reacción adulta que revela una herida antigua
Décadas más tarde, siendo ya un médico reconocido y casado desde hacía muchos años, Maté vivió una situación aparentemente trivial. Volvía de un viaje de trabajo y su esposa debía recogerlo en el aeropuerto.
Sin embargo, cuando aterrizó recibió un mensaje: todavía no había salido de casa porque estaba concentrada pintando en su estudio y se había olvidado de la hora de llegada.
Objetivamente, el problema era pequeño. Podía tomar un taxi y regresar a casa sin mayores complicaciones. Sin embargo, lo que ocurrió en su interior fue muy diferente.
Sintió una oleada intensa de enfado y resentimiento. Cuando llegó a casa se mostró frío, distante y evitó mirar a su esposa durante horas.
Más tarde comprendió lo que realmente había sucedido. No estaba reaccionando como un adulto ante un simple olvido. En realidad, estaba reaccionando desde la herida emocional de aquel bebé que había vivido una separación temprana de su madre.
Este ejemplo ilustra una de las ideas centrales que Maté desarrolla en su libro The Myth of Normal: el trauma no es únicamente lo que nos ocurre, sino lo que sucede dentro de nosotros como respuesta a esas experiencias.
El trauma como experiencia interna
Una de las frases más conocidas de Maté resume esta perspectiva:
“El trauma no es lo que te pasó. El trauma es lo que ocurrió dentro de ti como resultado de lo que te pasó.”
En la infancia, el sistema nervioso todavía está en desarrollo y depende profundamente del entorno emocional. Los bebés no interpretan racionalmente las situaciones, sino que registran sensaciones de seguridad, conexión o amenaza.
Por eso, experiencias tempranas pueden quedar almacenadas no como recuerdos conscientes, sino como patrones emocionales y corporales que se activan más adelante en la vida.
Cuando una situación presente se parece, aunque sea ligeramente, a la experiencia original, el sistema nervioso puede reaccionar como si el peligro todavía existiera.
El estrés emocional también se transmite
Hay otro elemento importante en la historia de Maté. Cuando era adulto, su madre le mostró una carta que había escrito a un pediatra cuando él tenía apenas unos meses de vida. En ella explicaba que su bebé lloraba constantemente, estaba muy tenso y parecía inquieto todo el tiempo.
Años después, Maté comprendió algo fundamental: ese estado de tensión probablemente no tenía que ver con su carácter, sino con el contexto emocional en el que había nacido.
Su madre vivía bajo un estrés extremo debido a la guerra y la persecución. Aunque lo amaba profundamente, su sistema nervioso estaba dominado por el miedo.
Los bebés son extremadamente sensibles a los estados emocionales de sus cuidadores. A través del contacto, el tono de voz y la regulación emocional, el sistema nervioso del niño se sincroniza con el de la madre o el padre.
En este sentido, el pequeño Gabor no estaba reaccionando al Holocausto directamente, sino al estado de estrés constante de su entorno.
Apego y autenticidad
Otro concepto clave en el trabajo de Maté es el conflicto entre dos necesidades fundamentales de la infancia: el apego y la autenticidad.
El apego implica mantener la conexión con los cuidadores, algo esencial para la supervivencia del niño. La autenticidad, por su parte, consiste en poder sentir y expresar lo que ocurre realmente en el interior.
Cuando estas dos necesidades entran en conflicto, el niño suele sacrificar la autenticidad para proteger el apego. Aprende a reprimir emociones, a adaptarse excesivamente o a convertirse en “el niño bueno” para asegurar el vínculo.
Estas estrategias pueden convertirse más tarde en rasgos de personalidad valorados socialmente, como el perfeccionismo, la hiperresponsabilidad o la tendencia a complacer a los demás. Sin embargo, también pueden generar estrés crónico, agotamiento emocional o dificultades para poner límites.
Comprender el origen para recuperar la libertad
La historia de Gabor Maté no pretende buscar culpables ni responsabilizar a los padres por el sufrimiento de sus hijos. Su propia madre actuó desde el amor y en un contexto extremo.
El objetivo es comprender cómo las experiencias tempranas moldean nuestro sistema nervioso y nuestras respuestas emocionales.
Cuando una persona logra reconocer que muchas de sus reacciones actuales tienen raíces en experiencias pasadas, aparece una posibilidad nueva: la de responder de forma más consciente y menos automática.
Por ello, comprender el origen de nuestras reacciones es uno de los primeros pasos para recuperar algo esencial: la capacidad de vivir el presente sin que las heridas del pasado dirijan nuestras respuestas.
Una invitación a mirarte con más curiosidad
Si al leer este artículo te has reconocido en algunas de estas reacciones, es posible que tu sistema emocional esté respondiendo a experiencias pasadas. Estas respuestas no son defectos, sino adaptaciones que en algún momento tuvieron sentido.
Explorar con curiosidad y compasión tu propia historia puede ser un primer paso importante para entender por qué reaccionas como reaccionas y empezar a construir nuevas formas de relacionarte contigo mismo y con los demás.
A veces, el cambio no empieza intentando ser diferente, sino entendiendo profundamente de dónde vienen nuestras respuestas. Y ese proceso, cuando se realiza acompañado, puede abrir caminos de transformación significativos
Si sientes que alguno de estos temas resuena contigo, trabajarlo en terapia puede ayudarte a entender tu historia y responder con mayor libertad emocional. Y, si es tu momento, estaré encantada de acompañarte.


