¿Qué revela ‘El cuerpo lleva la cuenta’ sobre tu salud emocional?

Hay momentos en los que sentimos que “no estamos del todo bien”, aunque en realidad nuestra vida funcione, nuestras relaciones marchen y nuestra rutina siga en marcha. Eso no es casualidad.

El libro El cuerpo lleva la cuenta nos propone una mirada que va más allá de la mente: nos invita a escuchar lo que el cuerpo sabe de nosotros, especialmente cuando experiencias pasadas han dejado huella en lo emocional y en lo físico.

¿Por qué El cuerpo lleva la cuenta importa en tu bienestar emocional?

Bessel van der Kolk, psiquiatra y autor de este libro influyente, lleva décadas explorando cómo el trauma cambia la forma en que vivimos.

Su tesis central es que el trauma no se guarda solo en la mente, sino también en el cuerpo, y que nuestra salud emocional está profundamente entrelazada con lo que sentimos internamente.

Una de las ideas más potentes del libro es que “solo podemos cambiar la manera en que nos sentimos cuando nos hacemos conscientes de nuestra experiencia interna y aprendemos a aceptar lo que está ocurriendo dentro de nosotros”.

Esto es lo que se conoce como interocepción: la capacidad de percibir las sensaciones físicas internas, respiración, latidos, tensión, y entender que detrás de cada sensación hay emociones que pueden hablarnos de lo que realmente está ocurriendo en nuestro mundo emocional.

El trauma puede dañar tu “brújula interior”

Cuando el trauma ha estado presente en tu historia, sea por relaciones dolorosas, pérdidas, situaciones que no supiste cómo procesar o momentos que te desbordaron, tu sistema nervioso aprende a estar en alerta constante.

Como describe Van der Kolk, las personas traumatizadas a menudo siguen organizando su vida “como si el trauma aún estuviera ocurriendo”, lo que puede dejarnos con una sensación de inseguridad interna crónica.

Es como si tu brújula interior, ese sentido que te ayuda a saber “qué me pasa ahora”, se hubiera desajustado.

En lugar de darte señales claras de calma o peligro real, recibes avisos difusos: nudos en el estómago, respiración superficial, tensión en la espalda o una inquietud constante sin razón aparente.

Cuando cuerpo y emociones se confunden

Gran parte de la confusión emocional viene porque el cuerpo habla antes que la mente. Antes de que lleguen las palabras, llegan las sensaciones físicas y, si no se han escuchado antes, pueden sentirse como mensajes contradictorios o amenazantes.

Esto explica por qué, en medio del estrés laboral o las labores familiares diarias, puedes sentir irritabilidad, tensión muscular o vacío sin saber bien por qué: tu cuerpo guarda más información de la que tu mente puede explicar con palabras.

Van der Kolk también señala que “si ignoramos estas dimensiones esenciales de la humanidad, privamos a las personas de formas de sanar del trauma y restaurar su autonomía”.

Esta frase resume la importancia de lo que algunos llaman un enfoque somático de la salud emocional: es sentir y atender lo que sucede físicamente dentro de nosotros.

¿Cómo se manifiesta en la vida cotidiana?

Esta relación entre cuerpo y emociones aparece en muchos contextos:

  • En el trabajo: puedes sentir una tensión constante en el cuello o el pecho cuando te asignan una nueva responsabilidad, aunque “estés preparado”.
  • ·      En la familia: reacciones intensas a comentarios pequeños, o una necesidad de controlar situaciones nimias, pueden ser señales de que el cuerpo está respondiendo antes que la mente.
  • En las relaciones personales: puede haber una desconexión entre lo que quieres decir y lo que tu cuerpo siente, lo que puede generar malestar o frustración sin motivo aparente.

Todo esto tiene que ver con cómo se procesa el trauma y con la forma en que tu sistema nervioso interpreta el entorno como seguro o no.

Escucha corporal: un primer paso hacia la autoconciencia

No se trata de forzarte a “pensar mejor” o “sentirte menos”. Se trata de cultivar una relación más amable y compasiva con tus sensaciones físicas y emociones. Aquí hay dos prácticas sencillas que puedes probar:

  • Chequeo de sensaciones corporales (1–2 minutos): siéntate con los pies apoyados y pon atención en tu respiración. Observa, sin juzgar, cómo se siente tu pecho, tu estómago o tu espalda. Nombrar internamente esas sensaciones: “tensión”, “pesadez”, “ligereza”, ya es un acto de autoconciencia. Esta integración de respiración con atención sensorial ayuda a “anclar” la experiencia en el cuerpo y no solo en la mente.
  • Respiración lenta y consciente (5-5-5): inhala contando hasta 5, sostén 5 segundos y exhala 5 segundos, y repite varias veces. El trabajar con la respiración consciente es una herramienta útil porque regula el sistema nervioso, reduciendo la hiperactivación emocional y generando la sensación de seguridad.

Estas prácticas cuando se repiten, ayudan a restablecer un diálogo más claro entre tu cuerpo y tu mente, lo que puede mejorar tu bienestar emocional día a día.

El cuerpo como aliado para encontrar calma en lo emocional

Lo que El cuerpo lleva la cuenta revela, en esencia, es esto: no podemos separar la mente del cuerpo. Si queremos comprender nuestra salud emocional, y no solo gestionarla superficialmente, necesitamos prestar atención a las sensaciones físicas que ocurren en nosotros.

Este enfoque no niega las emociones ni las circunstancias externas, pero nos da una brújula más fina para orientarnos internamente.

No se trata de etiquetar cada malestar como trauma, ni de convertir lo emocional en algo rígido. Se trata de escuchar, sentir y nombrar, para que la próxima vez que tu cuerpo te envíe una señal, puedas responder con presencia y cuidado.

¿Quieres profundizar? Podemos conversar

Si al leer esto has sentido un “eco” interno, puede ser un buen momento para explorar esto con acompañamiento. Soy Gema Menéndez, psicóloga sanitaria, y te invito a que hablemos de lo que ocurre dentro de ti, con atención y sin juicios.

La salud emocional es un camino que podemos recorrer con apoyo, paso a paso, escuchando al cuerpo sin miedo y aprendiendo a responder con amabilidad.

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